Corría el año 1970...
Marilú Piñeiro
Corría el año 1970. Marta Manigot y yo, encontramos un pequeño aviso en el Diario que anunciaba una Experiencia Acumulativa sobre Grupos.
Toda nuestra vida había transcurrido y aún transcurría en actividades grupales: el barrio de Castelar, las andanzas del colegio secundario, los movimientos juveniles y la inserción en lo sociopolítico. El encuentro con ese aviso, “nos cayó como anillo al dedo”. Allí fuimos
Desde siempre Lo Grupal me atrapaba, me interrogaba con fuerza, estaba en mí.
Recuerdo esos tres días como un impacto vivencial y teórico muy fuerte. Lo que allí escuché, me sirvió como respuesta teórica, como conceptualización acerca de mi modo de vida personal y profesional. Quedé impactada.
El encuentro con Enrique Pichon Riviere, con sus discípulos, con el ECRO, fue “fundante” para mí.
¿Por qué me surge esta palabra Fundante? Porque; a partir de ese Encuentro; Pichon con sus teorías y sus prácticas, me ha atravesado en todos los ámbitos de mi vida, especialmente como persona y, por supuesto, en mi quehacer profesional como Psicóloga y Psicóloga Social. Mis rumbos en la clínica han estado guiados por ese Esquema Conceptual.
Ingresé a la Escuela como alumna en el año 1971. Tuve el privilegio de tenerlo a Pichon como profesor. Cursé los cinco años de la Carrera, en ese inicio de década tan difícil para nuestro país.
Luego, Ana Quiroga, que había sido mi coordinadora, me invitó a participar en la Escuela. Fue algo muy fuerte. Estaba en el equipo de primer año y era un lujo las “supervisiones” que teníamos con Ana y
Enrique: eran de una riqueza y profundidad de análisis que me maravillaban.
Allí consolidé lo que había intuido en ese primer Encuentro.
Unos años más tarde, en 1979, junto con dos entrañables amigos Marta y Pichi Manigot, también de Castelar, comenzamos a transmitir lo que habíamos vivido y aprendido a nuestra comunidad del Oeste. Así nació la Escuela de Psicología Social de Castelar, con la que festejamos el año pasado, 25 años de existencia.
A partir de ese Encuentro, en el inicio de la convulsionada década del 70, Pichon, y la Escuela me han acompañado y me siguen acompañando todavía en la posibilidad de interrogarme, cuestionarme, tener un pensamiento crítico, encontrar alguna respuesta en esta difícil tarea de vivir en nuestra querida Argentina.
Esto lo seguimos haciendo hoy con nuestro Equipo de Castelar.
Al escribir estas notas, me embarga un estado emocional intenso, sensaciones encontradas: una nostalgia plena de satisfacción por haber conocido un pensador, un adelantado a su tiempo, y un grupo de personas, con las que pude y puedo compartir mis quehaceres en la vida.
Reviso esos días, indago mi pasado y encuentro una relación afectiva muy fuerte, entrañable con todo lo que viví, aprendí, en ese espacio.
¡Muchas gracias Pichon!