Federico Pavlovsky.
Medico Psiquiatra.
*Artículo de la revista Topía N° 48, agosto de 2006.
Dossier: 15 años del nacimiento de Freud. Por qué el psicoanálisis en
el siglo XXI
Este es el tipo de notas que generan en quien las escribe una
inquietud interna respecto a las consecuencias que puedan traer en la
vida y en el trabajo del firmante. De hecho varias personas cercanas
me pidieron que no la escriba. Pero curiosamente esa misma sensación
de temor fue la usina que me motivo a hacerlo. Pretendo hacer algunas
reflexiones acerca de un tema en el que he incursionado en mis
primeros años de profesión médica y como psiquiatra en particular. Voy
a referirme a la industria farmacéutica y a ciertos mecanismos con los
que promocionan sus moléculas entre la comunidad medica. Voy a hacerlo
a titulo personal y sin implicar a nadie en particular. Apenas acabo
de terminar la residencia de psiquiatría en un hospital general y
puedo (para empezar esta reflexión) revelar que distintos laboratorios
me han dado a lo largo de estos pocos años: viajes a congresos de
psiquiatría (traslado y alojamiento en hoteles para los sucesivos
Congresos de APSA en Mar del Plata), desayunos, almuerzos y cenas
múltiples, botellas de champagne, biromes, lapiceras, cuadernos, mas
viajes y mas becas a congresos. Un dato interesante con relación a los
dos congresos de psiquiatría argentinos (AAP y APSA): un porcentaje
mayor al 90 % de los inscriptos son becados por los laboratorios. Es
un hecho implícito, un tesorero se sorprendería si un psiquiatra
hiciese el intento de pagar su inscripción. Creería que se trata de un
extravagante. Estos congresos de psiquiatría cuentan con el apoyo
masivo de la industria farmacéutica que desembolsa fuertes sumas de
dinero en concepto de becas, armados de stands, de actividades
“científicas”, en fiestas para los médicos, en cenas y en hoteles. La
inmensa mayoría del sorprendente número de 250 psiquiatras argentinos
que viajaron hace dos meses al Congreso Mundial de Psiquiatría que se
desarrollo en Canada con pasaje aéreo y hotel incluido, lo hicieron
gracias al “apoyo” de los laboratorios. Argentina es un país rentable
para los laboratorios, hace pocos días el Dr. Eduardo Leiderman
publico un trabajo de investigación donde dio cuenta que el 15 % de
los encuestados (N 276) de la ciudad de Buenos Aires consumen
psicofármacos, tal cifra de prevalencía es una de las mas altas a
nivel mundial, superando el 3.5 % del Reino unido, el 5.5 % de EEUU,
el 6.4 % de los países de Europa, el 7.2 % de Canada o el 10.1 % de
San Pablo, Brasil. El gasto de medicamentos en la Argentina significa
entre el 25 y el 30 % del gasto de salud, casi el doble de países como
EEUU, Alemania y Canada .
Creo que es importante describir que la industria farmacéutica actúa
estableciendo relaciones personales directas con cada uno de los
médicos desde el mismo día que ingresan al hospital a hacer su
residencia. Ese mismo primer día le piden la matricula, se presentan y
comienza el trabajo de adiestramiento. Desde el semillero (centros
formativos de especialistas como lo son las distintas residencias
medicas) hasta las grandes figuras de la profesión, la industria ha
implementado una estrategia eficaz de venta y promoción de sus
productos. Philippe Pignarre en su libro “El gran secreto de la
industria farmacéutica ” revela que este sector es la “joya” de la
industria capitalista y por lejos su industria mas rentable: los
márgenes brutos giran en torno al 70 y hasta el 90 % y su tasa de
ganancias es la mas elevada de todas, por encima de la actividad
financiera y las demás industrias. También señala que los “ensayos
clínicos”, hoy la única vía oficial de comparar la eficacia y
tolerabilidad de un fármaco y de poder comprobar si es mas eficaz que
otro, en un comienzo (década del 60) era un instrumento de control por
parte del estado hacia la industria farmacéutica. Años mas tarde este
control (de la ratio riesgo/beneficio) fue delegado a la industria
farmacéutica y lo que antaño fue un elemento de monitoreo paso a ser
(y lo es en la actualidad) una herramienta para introducir nuevos
fármacos y extender su uso lo mas posible, aumentando progresivamente
el numero de pacientes a los que se los prescribe y luego induciendo
en los médicos nuevos “hábitos de prescripción”. Desde los primeros
días en el hospital comencé a notar la importancia que tienen los
Agentes de Propaganda Medica (APM). Primero son los que te dan
muestras gratis para los pacientes, luego te invitan a actividades
“formativas” y cuando tienen mas confianza llegan incluso a realizar
ofrecimientos explícitos de “retorno”, es decir, (y hablo en primera
persona claro…) ofrecen una suma de dinero en cambio de una cantidad
de recetas de una droga especifica que haya lanzado tal o cual
laboratorio. A modo de prueba uno tiene que entregar una lista con los
pacientes que esta atendiendo y consignar allí la medicación (con la
marca claro) que están tomando. Ahora, por fuera de estos
ofrecimientos a psiquiatras particulares, cabe una pregunta: ¿Cómo
sabe un laboratorio especifico si un psiquiatra receta o no una droga
con su marca comercial? También eso tiene una explicación: los
laboratorios compran a las farmacias sus registros, violando las leyes
vigentes de privacidad, y así confeccionan una “auditoria” con la que
hacen un fiel diagnostico de cuanto, como, donde y que, receta cada
uno de los médicos psiquiatras. Esta es una manera de ponerse en
contacto con los grandes prescriptores de drogas, que siguiendo la
lógica instalada serán también los mayores receptores (en caso que
acepten claro) de regalos, dinero o premios de distintas
características. Hace poco un APM me dijo: “Te esta dando mal la
auditoria…”. El buen hombre me estaba diciendo que estaba recetando
poco las drogas del laboratorio al cual representa. Hacia su trabajo.
Lo curioso es que en el momento me sentí culpable y hasta casi me
disculpo. ¡Hasta ahí llegamos! Cuando uno va ganando experiencia en
este terreno comprende algo muy simple: la industria farmacéutica es
un negocio y cualquier ayuda, sponsor o beca forma parte de una
estrategia sostenida por conceptos teóricos de mercadotecnia que están
dirigidos a promover una generación de médicos psiquiatras que
“dependan” de los laboratorios. Viajar al exterior a los congresos de
psiquiatría o incluso a las jornadas nacionales son ejemplos
cotidianos en donde los psiquiatras le pedimos “ayuda” a los
laboratorios. Cuando un publicista diseña una campaña para vender
pañales, la desarrolla en función de la idiosincrasia, expectativas,
perfil y estrato económico de la persona que los comprara, seguramente
la madre. El publicista tiene claro que debe convencer a esa madre
para que compre ese artículo para su hijo. El bebe aun no tiene voz ni
voto aunque las publicidades intenten dar cuenta de sus rostros
felices y traseros secos. Sirve tal ejemplo para realizar una
extrapolación: los pacientes (y en particular los que padecen de
sufrimiento psíquico) podrían ser comparados con estos recién nacidos.
Lo digo porque los laboratorios no le venden a los pacientes sus
moléculas, tienen claro que es a los médicos a quienes tienen que
convencer. Además establezco esta semejanza entre ambos dispares
“consumidores finales de productos” ya que no puedo dejar de pensar
que ambos comparten un cierto nivel de indefensión.
Tenemos entonces a enormes empresas internacionales y nacionales con
una necesidad: vender drogas. Tenemos una generación de médicos en
pésimas condiciones laborales, victimas del burn out, el cansancio y
la frustración cotidiana. Tenemos una compleja estrategia (diseñada
por expertos en ventas) para captar a los médicos en un sutil contrato
implícito y a veces explicito: “Si vos nos ayudas (recetando una
determinada droga) nosotros te vamos a ayudar”.Y tenemos a los
pacientes, en el medio.
Esta nota es escrita por alguien que “desde adentro” se siente
preocupado por esta modalidad de trabajo. Debo aclarar que estas
prácticas que quizá generaran sorpresa en algunos y enojo en otros,
están absolutamente naturalizadas en la práctica cotidiana médica
aunque solo puedo dar cuenta de mi especialidad, que es la
psiquiatría. En mi limitada experiencia en congresos y jornadas no he
escuchado hablar de este tema, no he escuchado polémicas ni cruces al
respecto. Es un tema que esta ahí, que todos conocen, pero que no se
habla. Es un tema tabú. El texto freudiano cobra vigencia. Tabú de las
palabras prohibidas: si se habla del tema puede ocurrir algo malo con
uno... Nuestra disciplina (la salud mental) es bastante afín a este
tipo de situaciones. Me refiero a la práctica psicoanalítica o
psiquiátrica ajena a las realidades cotidianas, políticas y
culturales. No los voy a cansar con ejemplos. Se de la buena fe y
honestidad de muchos de los psiquiatras que aceptan la colaboración de
laboratorios para sus viajes o distintas actividades; solo me pregunto
en que medida eso incide en la practica, en la manera de atender a los
pacientes, en la manera de prescribir medicación. Quiero compartir con
ustedes lo que dice la Ley 17.132 (1967) de ejercicio legal de la
medicina. Esta establece en su artículo 20 una serie de prohibiciones
para la práctica médica. Allí se prohíbe vender cualquier clase de
medicamentos (inciso 15) así como también inducir a los pacientes a
proveerse en determinadas farmacias (inciso 19) y obtener beneficios
de laboratorios de análisis o establecimientos que elaboren,
distribuyan, comercien o expendan medicamentos (inciso 21). Como en
tantos otros escenarios polémicos y complejos existe una ley que
podría regular esta situación. Creo que la psicofarmacología ha sido
un gran avance de la medicina y su uso racional nos permite aliviar de
manera notable el padecimiento psíquico de muchos pacientes. Lo que me
preocupa es la incidencia de esta estrategia de venta en nuestra
práctica como médicos psiquiatras. La Asociación Medica Argentina
(AMA) en el año 2001 publico el Código de Ética para el Equipo de
Salud, allí en su articulo 366 dice: “Se considera una falta grave a
la conducta ética la inducción por parte de empresas y/o laboratorios
de productos medicinales, al uso de ciertos medicamentos o equipos
biotecnológicos médicos prometiendo dadivas o recompensas”.
Entonces, finalmente… Si para viajar al próximo congreso de
psiquiatría en San Diego, USA, en el año 2007, tengo que recetar
anualmente 200 antidepresivos de X marca ¿Eso va a incidir en mi
prescripción? Profesionales a quienes respeto dicen que no. Yo no
estoy tan seguro.
O mejor dicho, en mi si podría incidir. Podría tentarme. Por eso
escribo este artículo. Como una suerte de exorcismo. De antídoto
personal.
Y para terminar cito a un amigo, el Dr. Daniel Thierer, que
rememorando a Shakespeare y la venganza temible de Shylok en el
Mercader de Venecia, alguna vez me dijo: “No dejemos que el paciente
deje en nuestro consultorio su libra de carne”.