Asociación de
Psicólogos Sociales de la Republica Argentina
Personería Jurídica Nº 166/90                                                                                                      www.apsra.org.ar

Lucía Mascialino

Palabras al maestro que tanto influyó en mi formación como psicóloga social y me abrió puertas a la universalidad del conocimiento.
Decíamos en un homenaje a Pichón realizado en Junio 25 del año 1996, “La siembra fue su tarea y la de sus discípulos es continuar con su labor...”.
En otro homenaje, esta vez del año 1967, Guillermo Vidal hablaba sobre el socratismo de Pichón (Acta Psiquiátrica y Psicológica de América Latina, Volumen 13, 1967) .
Se refería por supuesto a la forma que había adoptado Sócrates para enseñar; antes que inculcar ideas prefería provocar la reflexión del discípulo para que por sí mismo descubriera la verdad, sostenía que el método lo había aprendido de su madre, quién en su oficio de partera ayudaba a dar a luz. La misión de Sócrates consistía en ayudar al discípulo a dar a luz un conocimiento que ya estaba en él.
Pichón no escribe, no fue un hombre de dar grandes conferencias, Pichón se despliega en los grupos, en sus clases, donde todo es presencia humana, calor de amigo, humor. Su apertura al otro es lo que hace de él un gran psicoterapeuta; diálogo, ironía y coraje, eso es el socratismo de Pichón. ”Quién más, quién menos, se siente tocado por la magia del maestro y se echa a pensar, descubriendo dentro de sí ocultos horizontes tentadores”.

Así venimos de Pichón muchísimos discípulos, incluso aquellos que no lo conocieron personalmente; su ironía, su mezcla de esprit y de encanto, convergencia de humor y de invitación al diálogo, de crítica burlona y chispeante y de aclaración del absurdo.
Este sentido del humor, que hacía las delicias de quienes lo escuchaban, era lo que permitía a Pichón internarse en el campo de la locura, con coraje, porque hace falta mucho coraje para mantenerse a diario en esa tierra de nadie y de todos. Solia decir “No hay nada más doloroso y conmovedor que el espectáculo de la locura”.

Urgido por la presión de la tristeza, no se da respiro; puede pasar días y noches trabajando, entregado apasionadamente a la tarea de investigar la verdad.
Fue un estudioso de los lazos que anudan el arte con la locura. En su visión
”el artista alienado se siente impulsado a crear con el fin de transformar el mundo real, no busca un público, ni trata de comunicarse, por eso sus formas de expresión permanecen rígidas, “El artista alienado trata de reparar un objeto destruido durante la depresión desencadenada por la enfermedad”.

Todos conocimos la fibra poética de Pichón, sus aficiones literarias y artísticas. Quién sabe por qué avatares llegó a ligarse con el conde de Lautremont, con Baudelaire, con Paul Verlaine; tal vez por el lado del amor, de la locura y de la muerte, son temas y caminos eternos que solo se permiten transitar los hombres fuertes y a la vez sensibles. En las investigaciones que realiza sobre el Conde de Lautremont había en él un doble interés, por una parte la literatura misma y por otra, como psicoanalista, veía en él “un encuentro de lo siniestro con lo maravilloso”; el surrealismo es parte de Pichón.
Fue pionero del psicoanálisis; su coraje y su talento es lo que lo lleva a fundar la APA, la Asociación Psicoanalítica Argentina, junto con Garma, Cárcamo, Marie Langer y Rascovsky, Su intuición extraordinaria le permitió esbozar un nuevo concepto de la enfermedad mental, su famosa Teu (teoría de la enfermedad única ). Pichón señala que a partir del tratamiento de psicóticos llegó a formular su teoría del vínculo, en sustitución de la teoría freudiana instintivista, lo que conducía necesariamente a definir a la psicología en un sentido estricto como Psicología Social.
Pichón fue el propulsor de la psicología social en Argentina. El campo mas rico y original de su actividad fue la creación del Grupo Operativo, que proviene principalmente del estudio de la familia del enfermo mental, conocido sucintamente como “el estudio de las tres D” (depositante, depositado y depositario). En una clase dictada en la cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Medicina, UBA, decía refiriéndose al paciente y su grupo familiar: cuando vemos a un enfermo individualmente y luego lo vemos con su grupo familiar, toda la sintomatología resuena de una manera particular...; para la familia el enfermo mental es inconscientemente el depositario de las ansiedades de las tensiones del grupo.
Para Pichón el grupo es un instrumento de trabajo; él dio origen a la técnica de Grupo Operativo, método de investigación que cumple además una función terapéutica; “existente, interpretación y emergente...”, fuente de tantas controversias que trae locos a algunos sectores...
José Blejer, otro gran maestro, autor del libro Psicología de la Conducta , que algunos tuvimos el honor y gusto de tener como profesor, dirá de Pichón en el homenaje mencionado: “Posiblemente no hay en el país, en su generación un psicoanalista y un psiquiatra dinámico que haya formado tantos discípulos, y tantos que aún no habiendo sido discípulos se han beneficiado de sus enseñanzas y su experiencia..., su pensamiento se sustenta en una inteligencia poderosa y en una fuerte capacidad de síntesis”.

Recordar hoy a Pichón es revivir las décadas del sesenta y setenta, época de ebullición de las ideas y de intentos de acceder al cambio social; las Cátedras Nacionales, el Di Tella, la escuelita de Psicología social de la calle Suipacha y la de Arenales, el mayo del 68...; época de cambios. Allí estaban los mejores profesores dándonos clases, los discípulos y colegas, y Pichón con su concepto de hombre en situación, incorporando la dialéctica como método de análisis...

Para ir finalizando, quiero contarles que las camadas primeras de psicólogos sociales de las décadas del ’71, ‘72 y ‘73 formamos la primera Asociación de Psicólogos Sociales APSRA en el año 1974,con el aval de Pichón; incluso Ana Quiroga estaba como vocal suplente.
Decíamos en el año 1974 en un Boletín de APSRA, “Nosotros los alumnos de ayer que nos sacamos las otras camisetas con que llegamos a la escuela,
(Primera escuela de Psicología Social), y nos quedamos con la de Psicólogos Sociales, compartimos su pensamiento, y nos disponemos a profundizar su teoría, porque como dice Pichón, “La tarea de investigación para un psicólogo social nunca termina... Los egresados del último año no olvidaremos fácilmente la noche de entrega de nuestros diplomas..., la última como alumnos..., la primera como psicólogos sociales, cuando Enrique sintió la necesidad de contarnos su vida y hablamos de cómo debió pelear palmo a palmo sus conquistas en el campo de la psiquiatría, de cómo a pesar de ser médico, la medicina en sí no le interesaba sino iba unida a lo social.
A nosotros nos tocó compartir al Enrique de hoy, con su caminar lento, con su hablar dificultoso que parece como sí..., y sin embargo, ¡cuánto nos sigue dando! Sigue siendo claro en sus pensamientos, en su juicio psicoanalítico, en sus ideas extraídas permanentemente de la vida cotidiana, aplicadas al aquí y ahora, contribuyendo a realimentar esa visión de la Psicología Social que hoy llamamos la teoría pichoniana ”.
Hasta aquí lo que escribíamos entonces.

Voy a cerrar citando un texto de Deleuze del libro “En medio de Spinoza”, de quien dice, como con justicia se puede decir también de Pichón Rivière: “estalla contemporáneo en una afinidad sin nombre que está en los núcleos del pensamiento práctico que aprendemos y en que se sostienen nuestras experiencias individuales y colectivas contemporáneas”.

 

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