Lucía Mascialino
Palabras al maestro que tanto influyó en mi formación como psicóloga
social y me abrió puertas a la universalidad del conocimiento.
Decíamos en un homenaje a Pichón realizado en Junio 25 del año 1996,
“La siembra fue su tarea y la de sus discípulos es continuar con su
labor...”.
En otro homenaje, esta vez del año 1967, Guillermo Vidal hablaba sobre
el socratismo de Pichón (Acta Psiquiátrica y Psicológica de América
Latina, Volumen 13, 1967) .
Se refería por supuesto a la forma que había adoptado Sócrates para
enseñar; antes que inculcar ideas prefería provocar la reflexión del
discípulo para que por sí mismo descubriera la verdad, sostenía que el
método lo había aprendido de su madre, quién en su oficio de partera
ayudaba a dar a luz. La misión de Sócrates consistía en ayudar al
discípulo a dar a luz un conocimiento que ya estaba en él.
Pichón no escribe, no fue un hombre de dar grandes conferencias,
Pichón se despliega en los grupos, en sus clases, donde todo es
presencia humana, calor de amigo, humor. Su apertura al otro es lo que
hace de él un gran psicoterapeuta; diálogo, ironía y coraje, eso es el
socratismo de Pichón. ”Quién más, quién menos, se siente tocado por la
magia del maestro y se echa a pensar, descubriendo dentro de sí
ocultos horizontes tentadores”.
Así venimos de Pichón muchísimos discípulos, incluso aquellos que no
lo conocieron personalmente; su ironía, su mezcla de esprit y de
encanto, convergencia de humor y de invitación al diálogo, de crítica
burlona y chispeante y de aclaración del absurdo.
Este sentido del humor, que hacía las delicias de quienes lo
escuchaban, era lo que permitía a Pichón internarse en el campo de la
locura, con coraje, porque hace falta mucho coraje para mantenerse a
diario en esa tierra de nadie y de todos. Solia decir “No hay nada más
doloroso y conmovedor que el espectáculo de la locura”.
Urgido por la presión de la tristeza, no se da respiro; puede pasar
días y noches trabajando, entregado apasionadamente a la tarea de
investigar la verdad.
Fue un estudioso de los lazos que anudan el arte con la locura. En su
visión
”el artista alienado se siente impulsado a crear con el fin de
transformar el mundo real, no busca un público, ni trata de
comunicarse, por eso sus formas de expresión permanecen rígidas, “El
artista alienado trata de reparar un objeto destruido durante la
depresión desencadenada por la enfermedad”.
Todos conocimos la fibra poética de Pichón, sus aficiones literarias y
artísticas. Quién sabe por qué avatares llegó a ligarse con el conde
de Lautremont, con Baudelaire, con Paul Verlaine; tal vez por el lado
del amor, de la locura y de la muerte, son temas y caminos eternos que
solo se permiten transitar los hombres fuertes y a la vez sensibles.
En las investigaciones que realiza sobre el Conde de Lautremont había
en él un doble interés, por una parte la literatura misma y por otra,
como psicoanalista, veía en él “un encuentro de lo siniestro con lo
maravilloso”; el surrealismo es parte de Pichón.
Fue pionero del psicoanálisis; su coraje y su talento es lo que lo
lleva a fundar la APA, la Asociación Psicoanalítica Argentina, junto
con Garma, Cárcamo, Marie Langer y Rascovsky, Su intuición
extraordinaria le permitió esbozar un nuevo concepto de la enfermedad
mental, su famosa Teu (teoría de la enfermedad única ). Pichón señala
que a partir del tratamiento de psicóticos llegó a formular su teoría
del vínculo, en sustitución de la teoría freudiana instintivista, lo
que conducía necesariamente a definir a la psicología en un sentido
estricto como Psicología Social.
Pichón fue el propulsor de la psicología social en Argentina. El campo
mas rico y original de su actividad fue la creación del Grupo
Operativo, que proviene principalmente del estudio de la familia del
enfermo mental, conocido sucintamente como “el estudio de las tres D”
(depositante, depositado y depositario). En una clase dictada en la
cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Medicina, UBA, decía
refiriéndose al paciente y su grupo familiar: cuando vemos a un
enfermo individualmente y luego lo vemos con su grupo familiar, toda
la sintomatología resuena de una manera particular...; para la familia
el enfermo mental es inconscientemente el depositario de las
ansiedades de las tensiones del grupo.
Para Pichón el grupo es un instrumento de trabajo; él dio origen a la
técnica de Grupo Operativo, método de investigación que cumple además
una función terapéutica; “existente, interpretación y emergente...”,
fuente de tantas controversias que trae locos a algunos sectores...
José Blejer, otro gran maestro, autor del libro Psicología de la
Conducta , que algunos tuvimos el honor y gusto de tener como
profesor, dirá de Pichón en el homenaje mencionado: “Posiblemente no
hay en el país, en su generación un psicoanalista y un psiquiatra
dinámico que haya formado tantos discípulos, y tantos que aún no
habiendo sido discípulos se han beneficiado de sus enseñanzas y su
experiencia..., su pensamiento se sustenta en una inteligencia
poderosa y en una fuerte capacidad de síntesis”.
Recordar hoy a Pichón es revivir las décadas del sesenta y setenta,
época de ebullición de las ideas y de intentos de acceder al cambio
social; las Cátedras Nacionales, el Di Tella, la escuelita de
Psicología social de la calle Suipacha y la de Arenales, el mayo del
68...; época de cambios. Allí estaban los mejores profesores dándonos
clases, los discípulos y colegas, y Pichón con su concepto de hombre
en situación, incorporando la dialéctica como método de análisis...
Para ir finalizando, quiero contarles que las camadas primeras de
psicólogos sociales de las décadas del ’71, ‘72 y ‘73 formamos la
primera Asociación de Psicólogos Sociales APSRA en el año 1974,con el
aval de Pichón; incluso Ana Quiroga estaba como vocal suplente.
Decíamos en el año 1974 en un Boletín de APSRA, “Nosotros los alumnos
de ayer que nos sacamos las otras camisetas con que llegamos a la
escuela,
(Primera escuela de Psicología Social), y nos quedamos con la de
Psicólogos Sociales, compartimos su pensamiento, y nos disponemos a
profundizar su teoría, porque como dice Pichón, “La tarea de
investigación para un psicólogo social nunca termina... Los egresados
del último año no olvidaremos fácilmente la noche de entrega de
nuestros diplomas..., la última como alumnos..., la primera como
psicólogos sociales, cuando Enrique sintió la necesidad de contarnos
su vida y hablamos de cómo debió pelear palmo a palmo sus conquistas
en el campo de la psiquiatría, de cómo a pesar de ser médico, la
medicina en sí no le interesaba sino iba unida a lo social.
A nosotros nos tocó compartir al Enrique de hoy, con su caminar lento,
con su hablar dificultoso que parece como sí..., y sin embargo,
¡cuánto nos sigue dando! Sigue siendo claro en sus pensamientos, en su
juicio psicoanalítico, en sus ideas extraídas permanentemente de la
vida cotidiana, aplicadas al aquí y ahora, contribuyendo a realimentar
esa visión de la Psicología Social que hoy llamamos la teoría
pichoniana ”.
Hasta aquí lo que escribíamos entonces.
Voy a cerrar citando un texto de Deleuze del libro “En medio de
Spinoza”, de quien dice, como con justicia se puede decir también de
Pichón Rivière: “estalla contemporáneo en una afinidad sin nombre que
está en los núcleos del pensamiento práctico que aprendemos y en que
se sostienen nuestras experiencias individuales y colectivas
contemporáneas”.