Enrique Pichon-Rivière y Ana P. de Quiroga
(Octubre, 1972)
Documento elaborado por los autores para sentar la propia posición en
el marco de una aguda polémica existente en la Primera Escuela Privada
de Psicología Social y en la Escuela de Psicología Social de Tucumán.
En el marco de una conmocionada situación social - año 1972- que se
expresaba también en el campo científico en términos de debate y
disputa, Pichon-Rivière, con la colaboración de Ana P. de Quiroga,
escribe este texto. (nota de Fernando Fabris).
Cuando explicitamos los fundamentos en los que se apoya nuestra
postulación de una teoría de la vida psíquica, señalamos como punto de
partida al psicoanálisis y al materialismo histórico y dialéctico. Sin
embargo, la explicitación no puede detenerse allí. Resulta
imprescindible poner de manifiesto los modos de articulación entre
ambas fuentes, más aún cuando entendemos que lo que otorga
especificidad y validez al planteo no es la yuxtaposición de teorías o
la búsqueda de un paralelismo formal en el nivel de los modelos, sino
la posibilidad de establecer un corte perpendicular, una intervención
crítica en las premisas del discurso psicoanalítico que permita una
nueva valoración de sus aportes.
El lugar teórico desde el que proponemos una revisión del esquema
conceptual del psicoanálisis e intentamos una fundamentación de la
psicología social, es el de la dialéctica materialista, lo que indica
la propuesta de un método dialéctico.
La elección de este lugar teórico implica, respecto al psicoanálisis,
un cambio de problemática, la apertura de una nueva problemática. Es
decir, el planteo a partir de nuevas premisas del problema de los
procesos psíquicos. La psicología social que postulamos como teoría de
la vida psíquica constituye frente al psicoanálisis un espacio teórico
diferente, una óptica distinta, una modificación de las premisas.
Psicoanálisis y Psicología Social no representarían entonces
posibilidades de una misma teoría, sino aparatos conceptuales
separados por divergencias fundamentales aun cuando uno aporta sus
elementos al otro.
Hablar en este caso de una problemática implica la necesidad de
explicitar tanto las premisas en que se funda la producción
psicoanalítica, y a las que se dirige nuestra crítica, como las que
configuran el espacio teórico de la psicología social.
El punto de ruptura entre psicoanálisis y psicología social pasa por
la teoría instintivista y la concepción del hombre y la historia
implícitas en ella. La polémica que planteamos apunta a una de las
premisas básicas de la que parten los desarrollos psicoanalíticos,
premisa que define el campo teórico del psicoanálisis. Nos referimos
al supuesto de que la vida psíquica se sustenta o es la resultante de
la operación de fuerzas instintivas innatas a las que caracteriza
como: “fuerzas endosomáticas que tienen un representante psíquico,
carga energética, factor de motricidad que hace tender al organismo
hacia un fin”. El instinto que aparece como una fuerza constante tiene
su fuente en una excitación corporal, su fin es suprimir el estado de
tensión de la fuente pulsional, y un objeto por el que el instinto
alcanza su finalidad (descarga).
La premisa instintivista abre la problemática del psicoanálisis. Es a
partir de esa óptica que se articulan en un campo común los problemas
de la vida psíquica.
Lo excluido, lo oculto por la problemática definida a partir del
reconocimiento del instinto como fundamento de la vida psíquica, es la
función del contexto histórico- social como determinante de dicho
proceso. Entendemos al contexto histórico-social como determinante de
la vida psíquica en la medida en que es la condición específica dentro
de la cual puede manifestarse como fenómeno. Es ese contexto
histórico-social el que fija como determinante los límites en los que
se cumple el proceso de emergencia y desarrollo de la vida psíquica.
Desde las premisas que definen el campo de la problemática de la
psicología social es el mundo humano, la construcción histórico social
y, más específicamente, cada formación concreta, lo que opera como
conjunto de condiciones de producción y desarrollo del sujeto, en la
medida en que es también el conjunto de condiciones de producción y
desarrollo de la necesidad.
El concepto de necesidad sustituye en este planteo a la noción de
instinto. La caracterizamos como la expresión de un monto de carencia
que debe ser solucionado en un proceso de interacción. Muchos de los
rasgos que la teoría psicoanalítica atribuye al instinto: “...fuerzas
endosomáticas, factor de motricidad... etc.”, caracterizan a la
necesidad, pero nuestro planteo la desplaza del ámbito de una teoría
económica.
La necesidad, que compromete al sujeto como totalidad, aparece como la
condición interna del desarrollo de la vida psíquica, condición
interna de la dialéctica, de la contradicción no polar entre sujeto y
naturaleza, entre sujeto y mundo externo. Es en este proceso
dialéctico, en esta contradicción, en la que el sujeto es producido.
La producción del sujeto es histórico-social. La formación social no
opera como causa de la necesidad (causa en el sentido mecanicista:
causa-efecto), pero sí como condición de su posibilidad y desarrollo.
Es la ley y la encodificadora de la necesidad, la orienta en la
búsqueda de satisfacción, ofreciéndole las metas socialmente
disponibles. La traduce y la manipula.
La necesidad no es simple efecto de la estructura, pero como condición
interna de la producción del sujeto, emerge, se desarrolla, y
transforma en relación con las condiciones externas que operan a
través de ella. (Producción social del sujeto. Socialización).
La idea de un “sujeto relacionado” incluida en la problemática
psicoanalítica implica:
a) que el sujeto se constituye como tal con autonomía de sus
relaciones externas (a esto se liga el supuesto idealista del
principio del placer como legalidad del pensamiento no apoyada en la
experiencia, no determinada por el mundo real);
b) una posterior relación con la realidad exterior que operará
tardíamente en el sujeto configurándose un principio de realidad y una
internalización del mundo social en una instancia psíquica: el superyo;
c) desjerarquización de la relación sujeto-objeto, sujeto-mundo
externo, centrando su análisis en uno de los términos de la relación
(sujeto), lo que implica la afirmación de la posibilidad de una vida
mental autónoma que no tenga en la experiencia su base material.
Esto da lugar a hipótesis acerca de la satisfacción alucinatoria de
deseos fundada en el principio del placer, o de fantasías
inconscientes que son la expresión de un mundo narcisista autista, no
sólo “sin objetividad sino también sin objeto” (Joan Riviere).
El supuesto ideológico implícito en la problemática psicoanalista es
la ilusión metafísica de la “naturaleza humana”, esencia
inmodificable. La peligrosidad del supuesto reside en su carácter
ocultante de la determinación por la estructura socio-económica de
hechos como la guerra, la violencia, la dominación, la propiedad
privada, el autoritarismo, etc.
La teoría psicoanalista, al reconocer, pese a las vacilaciones de
Freud, que no puede prescindir de la noción de instinto para
fundamentar sus hipótesis, se encierra en una problemática planteada
por otras teorías instintivistas, según las cuales, las relaciones
entre los hombres se establecen, en ultima instancia, sobre el juego
de fuerzas instintivas innatas. La consecuencia, más o menos
explícita, es que frente a la escasa variabilidad de los modelos
biológicos tomados como determinantes, se extraen conclusiones acerca
de la inmodificabilidad de las relaciones sociales.
Vemos aquí la función ocultante del supuesto ideológico incluido en el
instintivismo.
La noción del instinto como fundamentación de una teoría de la vida
psíquica opera como obstáculo epistemológico en la elaboración de un
aparato conceptual que de cuenta de la relación entre estructura
social y vida psíquica y que analice los procesos en que se da la
producción social del sujeto.
No es casual que el psicoanálisis como esquema conceptual y como
práctica institucionalizada haya sido puesto al servicio de las clases
dominantes. Su óptica le permitía convertirse en una antropología
reformista, en una antropología de alternativa frente a la planteada
por el marxismo. Los elementos de denuncia incluidos en esa
problemática, la importancia de la formulación del concepto de
inconsciente, introducía en la valoración del esquema un monto de
ambigüedad que dificultaba la posición crítica. La evaluación de la
práctica analítica, tal como se desarrolla a partir de las
instituciones que vehiculizan la teoría, permite hoy la
caracterización de la praxis psicoanalítica actual como una de las
formas del individualismo al servicio de la adaptación pasiva. Como
instrumento ideológico la ortodoxia analítica, “más freudiana que
Freud”, operó para ocultar tras una compleja sistematización las
condiciones de producción del sujeto.
Los postulados de la psicología social
La postulación de la psicología social -ciencia en proceso de
construcción- implica, como ya dijimos, una nueva problemática. Es
decir, un planteo desde nuevas premisas del problema de la vida
psíquica. El punto de partida es la hipótesis de que existe una
relación dialéctica entre el sujeto y el mundo. El hombre -a través de
su praxis- se construye histórica y socialmente en una contradicción
no polar con la naturaleza, de la que emerge y a la que domina. El
hombre es una construcción histórico-social resultante de una praxis.
Dice Gramsci “el hombre en general”, “la naturaleza humana”, es una
abstracción. El hombre no es un punto de partida, no hay esencia de lo
humano, el hombre es un punto de llegada, en construcción permanente,
diferente en cada momento histórico, en cada formación concreta. El
hombre se construye, entonces, en la relación dialéctica con el mundo,
relación cuyo motor es la necesidad.
Cuando se dice: “El sujeto es un ser de necesidades que sólo se
satisfacen socialmente en relaciones que lo determinan” (Pichon
Rivière, 1971), “El sujeto es producido en una praxis, no hay nada en
él que no sea resultante de la interacción entre individuos, grupos y
clases”, se afirma en consecuencia:
1) Que los procesos psíquicos son la expresión de una relación
dialéctica entre sujeto y mundo externo, o quizás más estrictamente,
entre necesidad y mundo externo; y que el mundo externo es
determinante de esa vida psíquica como repertorio de posibilidades,
como condición de desarrollo de la necesidad y su satisfacción.
2) Se establecen los lineamientos para la formulación de un criterio
de adaptación activa, planteando que la apropiación de lo real y su
transformación, la mutua modificación sujeto-contexto en una relación
dialéctica, será el parámetro de evaluación de la calidad del
comportamiento, jerarquizando así los procesos de comunicación y
aprendizaje.
3) Se jerarquiza la operación del objeto, la operación del mundo
externo. Eso conduce a formular el concepto de estructura vincular,
que daría cuenta de la relación del sujeto con el mundo, relación que
tiene dos dimensiones: la intersubjetiva y la intrasubjetiva.
4) Como consecuencia de la jerarquización del objeto, del mundo
externo y del cuestionamiento de la teoría instintivista y los
elementos idealistas representados por el principio del placer, se
planteará una reformulación de las hipótesis acerca de la fantasía
inconsciente como expresión de la necesidad y de las vicisitudes del
vínculo dentro del cual se da la relación necesidad-mundo externo.
5) Por la adjudicación de un carácter determinante a las condiciones
externas sobre la vida psíquica, se reformulará la hipótesis sobre el
carácter significativo del contenido de la fantasía y de la conducta
desviada. Se plantea desde allí una terapia de la psicosis
(esquizofrenia), a la vez que se considera a la enfermedad mental como
emergente (signo) de procesos de interacción patológica, y al enfermo
como portavoz.
6) Se formulan técnicas terapéuticas grupales (grupo familiar), que si
bien operan en la dimensión de lo imaginario grupal, o sea en el
interjuego de fantasías inconscientes que cada integrante tiene acerca
de sí y de los demás, la consideración de la relación dialéctica mundo
interno - mundo externo conduce a plantear una técnica de
confrontación entre la fantasía y los procesos reales de interacción,
entre el grupo fantaseado y el grupo real, lo que permite el
aprendizaje de la realidad, redistribución de ansiedades, etc.
Hemos dicho que una psicología a partir de estas premisas se halla en
proceso de construcción. Estos supuestos nos permiten repensar los
aportes del psicoanálisis, pero no sólo estos aportes. Nos interesa el
abordaje del “sujeto producido” en su vida cotidiana. Esta
problemática enmarca la tarea y orienta la producción de la Escuela.
Es a la integración a esa tarea, a un compromiso de trabajo producido,
que convocamos a los miembros de la institución.
BIBLIOGRAFÍA
S. Freud: “Los instintos y su destino”, Esquema del psicoanálisis.
Laplanche y Pontalis: Vocabulario de Psicoanálisis, “Pulsión”.
Mao Tse Tung: “Sobre la contradicción”.
V.I. Lenin: “Sobre la dialéctica”, Materialismo y Empiriocriticismo.
M. Klein y otros: Desarrollos en Psicoanálisis.
L. Althusser: Para leer El Capital. (Problemática)
A. Sercovich: Curso de Epistemología. (Determinación)
A. Gramsci: Antología